Como uno de los grupos financieros más grandes de la región, Banrural le apuesta a los sectores desatendidos por la banca tradicional.
El Grupo Financiero Banco de Desarrollo Rural (Banrural) alcanzó el cierre de 2017 con US$9.299 millones en activos bancarios en Guatemala y Honduras. Logró un crecimiento del 10,3% respecto al 2016, con utilidades de US$123,4 millones entre ambos países. Una de las fortalezas del grupo es el nicho de mercado al cual dirigen sus productos y servicios. Un segmento no atendido por la banca tradicional: el sector rural y microempresario.
Cuenta con una de las redes de canales de distribución más grande de Guatemala y Honduras, y posee una marca respaldada por la solidez institucional y patrimonial. Su posicionamiento en el interior de los dos países le brinda buenos resultados.
El Banco de Desarrollo Rural de Guatemala se mantuvo en la octava posición en el Ranking de Bancos 2018 realizado por AméricaEconomía Centroamérica. Asimismo, Banrural de Honduras fue uno de los bancos que más subió en el Ranking, pasando de la posición 80 en 2017 a la 70 en 2018. Esto se debe a un crecimiento del 28,4% en sus activos.
Edgar Rolando Guzmán Bethancourth, gerente general de Banrural en Guatemala, habla con AméricaEconomía Centroamérica sobre sus perspectivas y nuevos proyectos.
¿Cuáles son las proyecciones económicas sobre el sector bancario para el 2018?
En el 2018, la región contará con mejores condiciones económicas. Ello se traducirá en oportunidades de crecimiento en la demanda de productos y servicios financieros. En este sentido, el sector bancario continuará siendo un aliado estratégico de las empresas y las personas, apoyándolos en la dotación de recursos para el consumo y la inversión.
En los países centroamericanos se observa una tendencia hacia la comercialización de los servicios microfinancieros. ¿Cuál es el desafío más importante para el sector?
Considero que uno de los desafíos más grandes es tener la capacidad de adaptación de los procesos, la tecnología y las metodologías para poder proporcionar servicios financieros dentro de un nuevo paradigma, en donde los requisitos de concesión y las garantías deben adaptarse a condiciones totalmente diferentes a lo que la banca ha manejado hasta ahora. También se debe tomar en consideración, en la creación de productos, las características peculiares y las condiciones socioeconómicas que implican los servicios para las microfinanzas.
Todo lo anterior debería ir acompañado de una revisión de la normativa que permita una mejor atención de este nicho de mercado, que para el caso de la región centroamericana es fundamental desde el punto de vista de su desarrollo socioeconómico.
¿Cómo han logrado adaptar sus metodologías y productos de crédito bancario para entregar servicios financieros ajustados a la población de bajos recursos?
La ventaja de Banrural es que desde su concepción adaptó sus metodologías y productos crediticios a las características de la población de bajos recursos, población que no ha estado bancarizada y a la que la banca tradicional nunca ha atendido. Estamos hablando de 20 años de experiencia en financiar los proyectos de este segmento de la población. También es importante señalar que el banco se ha consolidado entre sus clientes como el líder en la promoción del ahorro y la educación financiera. Esto ha coadyuvado a la inclusión financiera de este sector del mercado. El expertis adquirido durante estos años ha servido para crear y ajustar nuestros productos y servicios a la medida de las necesidades de nuestros clientes.
¿Cómo está conformada su cartera de crédito? ¿Y sus depósitos?
El número de clientes en créditos de Banrural en Guatemala es de aproximadamente 586.000. De la cartera de crédito, el 23% − equivalente a US$1.000 millones y 188.000 préstamos− corresponde a micro, pequeñas y medianas empresas; el 27% − US$1.100 millones y 1.000 créditos− a corporativo; el 31% − US$1.300 millones y 283.000 préstamos− a consumo; y el restante 20% − US$800 millones y 113.000 créditos− para atender vivienda.
Mientras que la cartera de depósitos está conformada por ocho millones de cuentas, que suman US$6.900 millones. Está integrada por los depósitos de ahorro, representando el 29% − equivalente a US$2.000 millones y 6,5 millones de cuentas−; el 35% − US$2.400 millones y 1,4 millones de cuentas− corresponden a depósitos monetarios; y el restante 36% − US$2.500 millones y 60.000 cuentas− proviene de depósitos a plazo.
¿De qué manera se mantienen innovando?
El Banco está inmerso en un proceso de adaptación con el objeto de aprovechar las herramientas existentes en el campo tecnológico y de manejo de datos existentes en el mercado, con la finalidad de incorporar estas innovaciones en la creación de productos y servicios financieros. La idea es ir evolucionando de canales presenciales a canales electrónicos.
Para lograr esto, consideramos fundamental el tema de la innovación y el uso de fintechs que permitan, en menor tiempo y con una mayor cobertura, satisfacer las necesidades de sus clientes. Lo anterior, a su vez, viene a coadyuvar a una mayor inclusión financiera y a viabilizar la utilización de tecnología en sectores de bajos ingresos o del área rural.
¿Tienen planes de expansión a otros países de la región?
Como grupo se está evaluando el ingreso a nuevos mercados en la región.
¿Cómo ha afectado a la banca regional los recientes cambios de la política de inmigración de Estados Unidos?
Las remesas familiares han mostrado un incremento con respecto a años anteriores a 2015. Sin embargo, se esperaría que el comportamiento de las remesas se normalice. Todavía está por verse qué otros efectos − de mediano y largo plazo− va tener dicha política.
¿Cuáles fueron los factores que llevaron a una exitosa expansión a Honduras?
Entre los más destacables está nuestro modelo de negocio. La inclusión financiera en Honduras es una iniciativa que estaba olvidada. Banrural propuso un nuevo concepto de banca de inclusión y de desarrollo que tiene un mercado poco atendido por el sistema financiero de ese país. La idea fundamental ha sido replicar en Honduras el modelo de Guatemala, para hacer un banco participativo de manera que una parte importante de los dueños sean personas o empresas hondureñas.